Hasta no hace mucho los que se autoproclamaban campeones en la defensa de la pacífica convivencia catalana: CiU (ahora PDeCAT), PSC, IU - IUA (ahora Podemos), ERC y sindicatos obreros, pedían: silenciar cualquier opinión sobre la marginación del castellano hablante en la escuela, que se primara el dominio del catalán en concursos oposiciones a organismos públicos o que se subvencionara la rotulación en catalán del comercio, mientras se multaba los rotulados en castellano.
Ante tales medidas excluyentes y represivas, el nacionalismo se mostraba impermeable a cualquier oposición o propuesta expresada por organizaciones cívica, sentencias de tribunales de justicia, “cartas al director” o artículos de opinión publicados en los medios de comunicación catalanes, públicos o privados subvencionados con generosidad por la Generalitat.
La estrategia nacionalista consistía en silenciar y reprimir la opinión contraria para con ello eliminar cualquier oposición al nacionalismo en el interior de Cataluña. Lo consiguieron durante un corto o largo tiempo, de ahí el apelativo dado a la política catalana de “oasis catalán”: No había enfrentamientos partidistas: nunca ocurría nada políticamente relevante.
A este oasis contribuyó de forma y manera decisiva, desde Madrid, el Gobierno del PP de JOSÉ Mª AZNAR, el silencio cobarde del PSC, el de la izquierda en general y sindicatos obreros. No hay que olvidarlo.
A este oasis contribuyó de forma y manera decisiva, desde Madrid, el Gobierno del PP de JOSÉ Mª AZNAR, el silencio cobarde del PSC, el de la izquierda en general y sindicatos obreros. No hay que olvidarlo.
El argumento para mantener el oasis o la calma chicha, era que: cualquier crítica al "ideario" nacionalista contribuía a romper "la pacífica convivencia catalana".
Pero, ¡sorpresa!: cuando ese nacionalismo taimado y excluyente dio un paso más demandando para sí todo el poder, que el Estado le niega, no ha tenido ningún reparo en enfrentar a los ciudadanos catalanes mediante el insulto, atribuyéndose mayorías electorales que nunca obtuvieron y exhibiendo manifestaciones, decían que “festivas”, costeada con dinero público: malversación.
En Cataluña la cosa no es fácil. Al no limitarse la política a una cuestión ideológica de derecha versus izquierda. Los partidos nacionalista catalanes de derecha, socialdemócrata, izquierda, ultraizquierda y antisistema han antepuesto la discusión de la independencia a cualquier otra cuestión económica-social.
“Esos demócratas" nacionalistas, ahora independentistas ignoran la ley y con ello a la ciudadanía que opina diferente a ellos y, cómo no, ignoran al resto de la opinión pública de España, donde reside la soberanía nacional, según la actual y vigente Constitución Española.
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